“Vienen los cuatro jinetes/cabalgando vienen, digo/ agua, tierra, fuego y aire/ vienen de tu propio ombligo”
(“Civilización”, Los Piojos)
El anuncio de que se construirán lagunas de laminación en terrenos de la UNT en El Manantial para mitigar los caudales que bajan del cerro hizo mitigar el susto y el enojo con que había arrancado la semana que pasó. Es que la noche del sábado 5 de febrero la tormenta había sacudido salvajemente al sector más atendido por las emergencias hidráulicas, la zona de Yerba Buena.
No sólo se inundaron muchas calles de la capital (cuyo sector sureste es el receptor natural de las aguas que bajan naturalmente del cerro a través de Yerba Buena) sino que se vieron pequeños y grandes fenómenos que hicieron abrir grandes los ojos. Entre los pequeños, los autos amontonados por el torrente en el country del Golf y el inesperado desborde de la avenida Perón a la altura del campus del Santa Rosa (es la zona alta de Yerba Buena) a causa de que estaba trancada la alcantarilla por donde comienza el entubamiento de un canal que pasa debajo de la vereda sur de la avenida, que se usa como ciclovía. Entre los grandes fenómenos, el desborde del destruido canal Yerba Buena en la zona de los countries Las Yungas y Los Azahares, que obligó a desalojar el colegio Pucará.
Entonces se vio la magnitud de la emergencia. Ya no era el fenómeno casi exótico como el de la inundación en La Madrid de 2017, localidad muy tucumana pero tan alejada de San Miguel de Tucumán y de Yerba Buena que muy pocos alguna vez pasaron por ahí, como no sea en el trayecto por la ruta 157 hacia Córdoba y Buenos Aires. No. Ahora la tormenta había sacudido muy de cerca, acá, en el canal Yerba Buena, esa construcción cuyos puentes permiten el acceso a los countries.
Los “grandes cañones”
El sacudón hizo advertir la magnitud del riesgo latente, eso que sólo salta a la luz pública precisamente durante las tormentas de verano: la destrucción de los canales centrales como el Canal Maestro de Desagüe Sur -que divide Yerba Buena de San Miguel de Tucumán a lo largo de unas 15 cuadras y que luego se pierde en dirección este por los olvidados barrios del sur capitalino hasta el río Salí- y el canal Caínzo-las Piedras, que baja por el norte de Yerba Buena hasta el Canal Sur. Esta construcción del norte yerbabuenense, que roza varios countries de la zona más buscada para emprendimientos urbanos en la provincia, está tan devorada por los torrentes veraniegos que el ingeniero Franklin Adler, especialista en los problemas del agua en Tucumán, la llama, irónicamente, “el Gran Cañón Caínzo”.
Efectivamente, es riesgo latente, que cada vez late más. Ahora ha latido en el canal Yerba Buena. Y aunque el gobernador interino, Osvaldo Jaldo, había dicho el lunes que por fortuna había aguantado bien la estructura sostenida por los últimos canales construidos en esta zona, el del Boulevard 9 de Julio y el San Luis, lo cierto es que los expertos advirtieron sobre la falta de resolución de obras propuestas o bien por la falta de celeridad en la ejecución de los trabajos. Piénsese en que las aliviadoras “lagunas de laminación” en el predio universitario en El Manantial” están propuestas, según se publicó en LA GACETA del 10/03, en el “masterplan” del canal San Luis de 2003. Hace 19 años están propuestas, y todavía se está esperando, según dijo el director del Agua, Juan Eduardo Saravia, que la UNT autorice el uso de esas seis hectáreas.
En el anuncio del jueves se dijo, además, que se hará revestimiento de 250 metros del canal Yerba Buena, con reductores de velocidad del agua. ¿Qué efecto tendrá esto en la descarga de torrentes del cerro? “Un geniolcito” describió Adler. Esta semana, el ingeniero en hidráulica Hugo Roger Paz dijo que hace 15 años se entregó a la Dirección del Agua el proyecto de reconstrucción del Canal Yerba Buena -ese mismo que está desbordándose ahora- y que se debieron construir obras de desagües pluviales. Criticó los planes “prelluvia” de los que se enorgullecen todos los gobiernos y dijo que sólo hay una alternativa para socorrer el Canal Sur: disminuir los caudales que llegan hasta allí. Entonces se habló de un canal inexistente, también proyectado para la DPA hace 15 años. El Canal La Rinconada, cuyo trazado -que parte desde el country Los Azahares hacia El Manantial- ahora pasa por varios barrios cerrados, es de difícil realización. “Se debería, al menos, haber enviado un proyecto de ley a la Legislatura para que se haga una restricción de dominio”, dijo Paz.
Nada de esto se menciona -o al menos, no fue mencionado- en las obras que el gobernador Jaldo anunció el 01/03 en su mensaje a la Legislatura como parte de los $ 100.000 millones destinados a agua potable, desagües cloacales y pluviales…. y recursos hídricos… “obras que no se ven, que están debajo del asfalto”, al decir del mandatario. Tampoco figura en la batería de anuncios que se hizo hace poco más de un mes cuando vinieron el presidente Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, Juan Manzur, y el mismo Jaldo, con obras largamente esperadas en la provincia, desde la autopista Tucumán-Las Termas hasta la ampliación de la nueva 38 hasta Monteros.
Ahora nos desayunamos con el inexistente Canal La Rinconada. “Sería importante que el agua del Canal Yerba Buena, que debe ser reformulado, no ingrese al Canal Sur”, dice Adler, que también lo llama como otro “gran cañón” y advierte que estas obras deberían estar dentro un gran plan que vincule las obras del pasado con las futuras para lo cual el Estado debería definir una base legal: ¿habrá que expropiar terrenos privados para hacer el Canal La Rinconada, como plantea Paz? Al menos debería figurar el proyecto y deberían estar las oficinas de pensamiento del Estado en eso.
¿Existen esas oficinas de pensamiento? Dicen que las áreas técnicas de las innumerables oficinas dedicadas al agua en la provincia han sido desmanteladas, a causa de la reducción presupuestaria de las últimas dos décadas. Dice el vicedecano de Ciencias Exactas, Eduardo Martel, que esto se nota desde el comienzo del gobierno de José Alperovich, en 2003, que con su política de caja única y de evitar el endeudamiento (por las razones que fuere) priorizó la política de cordón cuneta y no de grandes obras. Bien lo dijo el ex secretario de Obras Públicas de la provincia, Raúl Natella, cuando criticó que Alperovich “priorizó sólo los proyectos y las obras que fueron más visibles, rápidas, de fuerte impacto político-electoral, abandonando definitivamente las ideas estratégicas de largo aliento, bien estudiadas, planificadas, de bases sólidas y pensadas para beneficio de las futuras generaciones de tucumanos”.
Sin banco de proyectos
Ahora que el Gobierno nacional ha convocado a entregar propuestas de obras, Tucumán prácticamente no ha entregado sus planes, porque no tiene banco de proyectos, o los tiene en nivel escaso, o solamente en temas puntuales, despojados del contexto que debería contenerlo, como son los planes directores. “Esto es Tucumán”, dice Martel, para describir la falta de proyectos globales de la provincia, tal como se vio cuando se formó la comisión de emergencia por las inundaciones de 2017 en La Madrid, y se advirtió que no había datos del comportamiento hidráulico y la evolución determinada por el crecimiento agropecuario y urbanístico en la provincia. Al presentar el trabajo de dos años de la comisión, Martel abogó por que se haga ese plan. Lo que se hizo fue el proyecto para estudiar la cuenca de los ríos Marapa y san Francisco -responsables de esa inundación- pero no se pasó de la fase de diagnóstico, a tal punto que el famoso canal que construyeron productores sobre la zona de humedales desde el río San Francisco al Marapa y que fue el que llevó la creciente a La Madrid, sigue ahí, sin que se lo haya cerrado.
A pesar de las obras menores que se hicieron en estos cinco años, La Madrid no se vuelve a inundar por pura suerte. ¿Pero no se hizo un gran estudio a partir de esa emergencia? “Sí se hizo -dice Martel- pero no se ha pasado del diagnóstico a la fase de que el BID financie las obras. Por ahora todo el trabajo es papel mojado”.